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Τετάρτη 24 Δεκεμβρίου 2014

ΧΟΥΑΝ ΧΙΛ-ΑΛΒΕΡΤ!




JUAN GIL-ALBERT


NOCTURNO

Noche de las estrellas te estremeces
con un fluido oscuro. En tus arpegios
de soledad escucho la hermosura
de la existencia. ¡Oh lumbres fugitivas
en cuyo seno mora irreparable
la verdad! Qué sombrías esperanzas
abres a quien te mira recostado
desde la dulce tierra y se incorpora
con un temor incierto a esas frondosas
penumbras celestiales. Brilla el rostro
de la nocturna esfera fascinando
como el de un animal entre las sombras
con sus ojos abiertos; brilla el sueño
de su caudal fluyendo lentamente
cual si nada existiera; en esa duda
no sé dónde poner mis ilusiones
y a quién brindar la dicha de sentirme,
tibio de vida en medio de los mundos,
hijo fiel del ardor y la pereza.
Esos silencios ruedan sumergidos
en ingentes distancias, esas flores
esparcen sus semillas vacilantes
en la bondad de un éter misterioso.
-¡Ah delirante triunfo de esperanzas
con los soles despiertos!- Ígneo atruena
mi corazón roído por deseos
irrealizables, salta en sus prisiones
como un astro humillado que pidiera
que lo dejaran ser; pálido atiendo
su súplica vehemente como un padre
oye qué desmedidas ambiciones
turban la paz del hijo. ¡Oh noche, oh fragua
de los altos desvelos, solitaria
cripta donde reposan sus racimos
hombres y estrellas!


Δευτέρα 24 Νοεμβρίου 2014

ΧΟΥΑΝ ΧΙΛ-ΑΛΒΕΡΤ!




JUAN GIL-ALBERT


LA TARDE

Sólo cuando se es hombre se sabe qué es la vida. 
Sólo si se ha cumplido con la edad 
se sabe lo que empieza y lo que acaba. 
Se sabe que el vacío que nos queda 
es el hermoso todo que tuvimos: 
como un bosque inmolado. 
Donde el azul del cielo sólo encuentra 
ancho campo abismal. 
Ya nada obstruye 
el palpitar de un ala poderosa. 
Ya las paredes todas se evadieron 
y estamos al desnudo, como un cuerpo, 
paradisíacamente. 
Es el retorno 
tras haber agotado a la serpiente.   

Tras haberla dejado de escuchar. 
Es el retorno fiel a la ignorancia.


Δευτέρα 20 Οκτωβρίου 2014

ΧΟΥΑΝ ΧΙΛ-ΑΛΒΕΡΤ





JUAN GIL-ALBERT


LA ROSA

La imagen del amor como una rosa
abre sus encendidas ilusiones
y sobre el tallo esbelto resplandece
su oscura primavera deseada;
el naciente reflejo de su sombra
nubla el claro contorno de la vida
y nos absorbe su letal aliento
cual la luz la cautiva mariposa.
Alas llevo rondando el escondido
deseo de mi amor, ansiosas alas
me sirven como un velo trasparente
ante el divino rostro que enamora,
y en la locura de ese vuelo incauto,
quemándome las alas cual se ajan
las dulces vestiduras de mis sueños,
¿me acerco al ser extraño que está abriendo
sus abismadas aguas de belleza,
o cada vez más cerca de su vida
me alejo del misterio deseado?
¡Inútil desazón, vuelo perdido
que nunca detendrá sus angustiosas
alas negras de amor ante esa llama
del fuego primitivo que despierta
como una rosa el pasmo de los hombres!
Cual un pájaro ciego yo te canto,
porque eres mi sombría rosa amada,
y cuando está anegado de tristeza
mi corazón renueva sus canciones.




Τρίτη 30 Σεπτεμβρίου 2014

ΧΟΥΑΝ ΧΙΛ-ΑΛΒΕΡΤ





JUAN GIL-ALBERT


A UN ABANICO PERDIDO
       Para Lea Pentagna
 En las manos del ocio, un breve tiempo
abriste tu ala blanca, pregonando
el lejano país donde se oculta
la oriental primavera. Yo podía,
con un antiguo gesto silencioso,
sentir la palpitante ligereza
del aire en mis mejillas, como vuela
entre el denso calor adormecido
la errante mariposa. Nunca tuve
poder más lisonjero que los días
en que en tu frágil cetro de bambúes
florecían las brisas al deseo
de su mecido dueño. ¿Quién osaba
rivalizar conmigo un privilegio
tan olvidado, y quién sonríe ahora
a esos dones trenzados por las gracias?
Breve fue, ¡oh tierno objeto!, la fragante
flor de tu amor, que arranca de las manos
el destino insaciable cuando intenta
hundirnos en distancias infinitas.
Como un sueño contemplan nuestros ojos
el vacío de algo que brillaba
como un cuerpo real, y sólo queda
de un tal placer la sombra de una duda,
con tan intensa fuerza evocadora
que visionarios somos de sus tercas
formas desvanecidas. Un aliento
de extraña ligadura nos conmueve
con todo lo que fue, y así tú ahora
transmites al que pulsa el varillaje
de tu inconsciente alma, unos secretos
velados por la lánguida pereza,
y que dan a esa faz que te sonríe,
como yo ayer, el soplo de la vida.