¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
Yo siento por la luz un amor de salvaje. Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge; ¿no será, cada lumbre, un cáliz que recoge el calor de las almas que pasan en su viaje?
Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas, lo mismo que las almas taciturnas y buenas. Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas. Hay otras casi rojas: espíritus de rosas.
Yo respeto y adoro la luz como si fuera una cosa que vive, que siente, que medita, un ser que nos contempla transformado en hoguera.
Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado una pequeña llama de dulzura infinita
Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre, Vagamos taciturnos en un éxtasis vago, Como sombras delgadas que se deslizan sobre Las arenas de bronce de la orilla del lago.
Silencio en nuestros labios una rosa ha florido. ¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!, La corola, deshecha, como un pájaro herido, Caerá rompiendo el suave misterio sublunar.
¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte Que tengáis en las manos, su acento sofocad! ¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte Para formar la venda de su boca, rasgad!
Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable. Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra! ¡Oh lengua de ceniza! Oh ¡lengua miserable. No intentes que ahora el sello de mis labios te abra! Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes, Con los ojos gimamos, con los ojos hablemos. Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes Movidas por la magia de diálogos supremos.
¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. Mi amante besóme las manos, y en ellas, ¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.
Y voy por la senda voceando el encanto y de dicha alterno sonrisa con llanto y bajo el milagro de mi encantamiento se aroman de rosas las alas del viento.
Y murmura al verme la gente que pasa: "¿No veis que está loca? Tornadla a su casa. ¡Dice que en las manos le han nacido rosas y las va agitando como mariposas!"
¡Ah, pobre la gente que nunca comprende un milagro de éstos y que sólo entiende que no nacen rosas más que en los rosales y que no hay más trigo que el de los trigales!
Que requiere líneas y color y forma, y que sólo admite realidad por norma. Que cuando uno dice: "Voy con la dulzura", de inmediato buscan a la criatura.
Que me digan loca, que en celda me encierren que con siete llaves la puerta me cierren, que junto a la puerta pongan un lebrel, carcelero rudo carcelero fiel.
Cantaré lo mismo: "Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen". ¡Y toda mi celda tendrá la fragancia de un inmenso ramo de rosas de Francia!
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ΤΡΑΓΟΥΔΑΕΙ Ο ALFREDO ZITARROSA
EL VIOLÍN DE BECHO
Becho toca el violin en la orquesta cara de chiquilin sin maestra y la orquesta no sirve, no tiene mas que un solo violin que le duele
Porque a Becho le duelen violines que son como su amor chiquilines Becho quiere un violin que sea hombre que al dolor y al amor no los nombre
Becho tiene un violin que no ama pero siente que el violin lo llama por la noche como arrepentido vuelve a amar ese triste sonido
Porque a Becho le duelen violines que son como su amor chiquilines Becho quiere un violin que sea hombre que al amor y al dolor no los nombre
Vida y muerte violin padre y madre canta el violin y Becho es el aire ya no puede tocara en la orquesta porque amar y cantar eso cuesta
Το υλικό της ανάρτησης μάς το έστειλε ο αγαπημένος φίλος μας κ. Luís Suarez.
¡Cómo resbala el agua por mi espalda! ¡Cómo moja mi falda, y pone en mis mejillas su frescura de nieve! Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña en una charca turbia. Mi presencia le extraña, se detiene… me mira… nos sentimos amigos… ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos! Después es el asombro de un labriego que pasa con su azada al hombro y la lluvia me cubre de todas las fragancias de los setos de octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado como un maravilloso y estupendo tocado de gotas cristalinas, de flores deshojadas que vuelcan a mi paso las plantas asombradas. Y siento, en la vacuidad del cerebro sin sueño, la voluptuosidad del placer infinito, dulce y desconocido, de un minuto de olvido. Llueve, llueve, llueve, y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.