Δευτέρα, 14 Νοεμβρίου 2016

ΣΥΝΕΝΤΕΥΞΗ ΤΟΥ ΣΕΣΑΡ ΚΑΝΤΟΝΙ


ΣΥΝΕΝΤΕΥΞΗ ΤΟΥ ΣΕΣΑΡ ΚΑΝΤΟΝΙ

El hombre quieto y la conciencia poética viajera

Cesar Cantoni, uno de los más sólidos referentes de la poesía platense. Admirado y respetado por intelectuales de gran nivel. Una obra tranquila, traducida a varios idiomas e incorporada a las principales antologías

Por MARCELO ORTALE

Vive hoy en la casa donde nació en febrero de 1951, más allá del Policlínico, por Villa Elvira. Sigue en la misma casa que mandaron hacer su padre Emilio César –dueño durante años de la única curtiembre que hubo en La Plata- y su madre, Elvira Rivero, nacida en Cuba pero criada luego en Galicia. Está construida sobre un lote de 15 de frente por 10 de fondo, con dos habitaciones, un comedor, una cocina, un patio y un vestíbulo “porque antes al hall lo llamábamos vestíbulo”, dice el poeta platense César Cantoni. Una casa a la que luego se le sumó un garaje y a la que con el tiempo le llegó el pausado aluvión de más de tres mil libros que hoy se distribuyen como pueden en todas las dependencias.
Cantoni es el hombre quieto. El mismo se califica de sedentario. “Me cuesta movilizarme. Mi padre era muy andariego hasta que se casó. Lo más lejos que llegué una vez fue a Río de Janeiro y recorrí bastante el país. Pero me gusta viajar con la literatura”. La investigadora y también poeta Sandra Cornejo escribió alguna vez sobre Cantoni y su sedentarismo sólo físico: “Se refugia de vez en cuando en Irlanda, se hospeda seguido en la vasta Norteamérica, discute sobre las posibilidades líricas con algún crítico alemán, acoge a casi todo poeta del Este europeo y se mira en España, en lo más puro de la lengua madre”.
Tiene razón la escritora. La conciencia poética de Cantoni es viajera, transhumante. Es él que permanece en el mismo lugar, sin importar si su “imagen” tiene o no llegada. Cantoni se dedica a lo esencial, que para él es leer y escribir. Sin embargo, el hombre quieto tiene muchos de sus poemas ya traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, catalán, griego y ruso, además de figurar en más de veinte antologías poéticas, entre ellas la Antología de la Nueva Poesía Argentina, 1980;Poesía entre Dos Épocas (Argentina 1976-1983 / Inglaterra 1930-1939), 1985;Años de Ceniza y Escombros (Nueva Poesía de los Años ’80), 1988; 70 Poetas Argentinos (1970-1994), l994; Poetas Argentinos Contemporáneos, Tomo VI 1997; Entre la Utopía y el Compromiso. 16 Poetas Argentinos, 1997; Poesía hacia el Nuevo Milenio. Antología de Poetas Argentinos, 1999. Todo vino sólo hacia él, como imantado por su sola voz.
Hombre inclasificable este intelectual que aparece como negado para todo lo que no sea literatura. Sin embargo, fue un jugador de fútbol totalmente fanatizado por el deporte. Hincha de Estudiantes, siguió al Tricampeón por todas las canchas y él mismo jugaba al fútbol con habilidad: “le pegaba con las dos piernas y era un volante de ida y vuelta, demasiado pegador. Increíblemente me probé dos o tres veces en Gimnasia, a pesar de ser pincha. Era habilidoso, pero demasiado pasional y pegador…y esto creo que me perjudicó”.
Escribió los siguientes libros: Confluencias, 1978; Los días habitados, 1982; Linaje humano, 1984; La experiencia concreta, 1990; Continuidad de la noche, 1993; Cuaderno de fin de siglo,1996; Triunfo de lo real, 2001; La salud de los condenados, 2004; Diario de paso, 2008; El fin ya tuvo lugar (2012). Publicó, además, la plaqueta Irlanda, 1998, y los cuadernillos Intemperie y otros poemas, 2006, y Latencia: poesía y dictadura, 2013. Ahora está preparando su próximo libro de poemas que se llama “Un arte invisible” y que será editado por la editorial citybelense “Libros de la Talita dorada”, que dirige José María Pallaoro.
Entre otros poetas y escritores, la obra de Cantoni fue elogiada en diversos ensayos y crìticas por los platenses Horacio Preler, Horacio Castillo, Rafael Felipe Oteriño, Ana Emilia Lahitte, Gabriel Báñez, Néstor Mux y otros intelectuales argentinos como Alfredo Veiravé, Osvaldo Picardo, Rodolfo Alonso, Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley, Antonio Requeni, Rodolfo Modern, Jorge García Sabal, Luis Benítez, Juan Carlos Moisés, Pablo Anadón, Paulina Vinderman, E.L. Revol y José Di Marco.
Parece llegada la hora de compartir un poema de Cantoni. Tomado al azar, en su libro Diario de Paso. Dice así: “Ayer vino mi madre muerta a visitarme/ Vino vestida de entrecasa, con su gastado delantal a cuadros,/ que colgaba de un gancho en la cocina/ No preguntó por nada ni por nadie. Simplemente/ quería saber si todo se encontraba en orden/ las camas tendidas, los cuartos ventilados/ las plantas podadas y con agua…/De paso, me recordó que la felicidad no dura/ que el amor es triste y duele demasiado/ y que al final sólo queda arreglárselas como se puede./ También me dijo que no comiera dulces/ y, sobre todo, que me cuidara del invierno,/ que, en invierno, el viento suele ser traicionero en las esquinas./ Después, cuando la tarde agonizaba/ salió a la calle, saludó a los vecinos como de costumbre/ y se fue con su escolta de ángeles indulgentes./ Sí, ayer vino mi madre muerta a visitarme”.
La charla con Cantoni se va tejiendo entre dos pocillos de café en el Centro Cultural Malvinas. Se le pregunta por la muerte y reflexiona varios y muy lentos segundos…La muerte, dice, es un interrogante…”Es un asunto de fe…que va más allá de lo religioso…Todo esto que vivimos no puede pasar por nada. El mundo es un lugar bastante extraño y el hombre un ser misterioso…Yo creo que una de las cosas más extrañas que existen es la conciencia individual…¿Se apagará del todo esa conciencia?”
¿Y qué es la vida?...Aquí piensa más tiempo y sonríe…”Es complicado responder…Digo, no nos queda otra alternativa que vivirla…No tenemos opciones de elegir otra vida, cada uno tiene la suya. Unos pueden ser felices, otros menos felices. ¿Si viviría de nuevo…? Viviría de nuevo, sí, pero la vida debiera tener un sentido…Aquí me acuerdo de lo que escribió Víctor Frankl: “No importa que la vida no tenga un sentido, lo importante es el sentido que nosotros podemos darle”…Y, modestamente, yo podría decir que he encontrado en la poesía el sentido de la vida”.
Pero la poesía ha perdido hace mucho –y tal vez, a medida que pasa el tiempo, con mayor intensidad- casi toda su presencia en la sociedad, como que no existe mediáticamente…Otra vez medita y contesta: “Es verdad, pero hay una paradoja: no tiene ninguna resonancia, pero cada vez hay más gente que escribe poesía”.

EL PRIMER POETA

Durante décadas se creyó que el primer poeta editado en La Plata fue el aristócrata y bohemio Matías Behety, el enterrado dos veces, cuyo cuerpo apareció intocado muchos años después de su muerte. Pero Cantoni sostiene desde siempre que hubo uno anterior, Carlos Fajardo, cuyo dato más sobresaliente es que se mudó a La Plata en junio de 1882, es decir varios meses antes de la fundación en noviembre de ese año. “Fajardo era escribano en Chivilcoy y vino traído por Rocha para que fuera juez de Paz. Fue el primero en todo: el primer funcionario, el primer escribano, el primer juez y el primer poeta, porque editó su libro en 1893 en la editorial que tenía la ya instalada Librería Peuser. Fajardo había peleado a las òrdenes de Mitre en las batallas de Cepeda y Pavón”, dice.
Creador del exitoso blog “Los poetas no van al cielo”, Cantoni encuentra en la historia –tanto en la historia argentina como en la de la literatura- un campo fértil y extremadamente rico. Durante la charla opinó sobre San Martín Belgrano, Mariano Moreno, Rosas y otras figuras.
¿Cómo y cuándo empezó a escribir? “Mis inicios literarios se remontan a la escuela primaria. Entonces escribía sin un propósito expreso; lo hacía de manera natural, instintiva, como si se tratara de una función fisiológica más. De ese modo seguí escribiendo durante algunos años, hasta que, al entrar en la juventud, descubrí los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda, y me propuse, remedando su impronta, escribir un libro con la finalidad de publicarlo. Ese libro se tituló “Las estaciones del amor” y, afortunadamente, nunca llegó a la imprenta. También admiró de entrada a tres españoles: Quevedo, Manrique y Antonio Machado.
Se le pide otro poema y elige al azar, del libro “La salud de los condenados”. El poema se llama “Para saberlo” y dice así: “Para saberlo, heme aquí,/ poeta de corto aliento/ inexplicablemente vivo, todavía/ sentado como siempre a mi mesa de trabajo/ escribiendo poemas que no serán leídos/ mientras mi perro lidia con mis zapatillas/, un caluroso día de enero de un siglo que comienza/ en el país de los golpes militares/ en un planeta devastado por la estupidez del hombre/ en la desolación atroz de la Vía Láctea”.
Y este otro –“En el día de San Patricio”- dedicado a la bella Irlanda: “En el día de San Patricio/ mientras bebo con los hermanos irlandeses/ que habitan este suelo –mujeres y hombres/ convocados por el patrono de la isla/, y brindo en honor de los poetas caídos/ en las cruzadas de liberación/ empezando por el bravo Padraig Pearse,/ yo te declaro mi guerra sin cuartel y para siempre,/ Inglaterra”.

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