Sólo
tú y yo sabemos lo que ignora la gente
Al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
Porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
Ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.
Sólo
tú y yo sabemos por qué mi boca miente,
Relatando la historia de un fugaz amorío;
Y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío
Y aún nos arde en los labios algún beso reciente.
Sólo
tú y yo sabemos que existe una simiente
Germinando en la sombra de este surco vacío,
Porque su flor profunda no se ve, ni se siente.
Y
así dos orillas tu corazón y el mío,
Pues, aunque las separa la corriente de un río,
Por debajo del río se unen secretamente.
Me llegabas en la brisa y en la espuma,
tú, la perdida para siempre...
Tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo,
que ahora llegas más casta y más ausente...
Me llegas en el viento que huele a lejanía,
me llegas en la sal que sabe a muerte,
tú, sombra arrinconada en un silencio;
tú, la perdida para siempre...
Ya no sé por qué sordo camino de la ausencia
bajo que estrellas moribundas vienes,
con los pies inseguros llenos de polvo y de rocío,
tú, la perdida para siempre...
Ο έρωτας, αν είν’ μεγάλος, φτάνει έως της γης τα πέρατα και τον κισσό θυμίζει που ξέρουμε πως δεν ανθοβολεί ματαίως κι εν τούτοις πάντοτε άκων ή και εκών ανθίζει.
Ο μέγας έρως θά ’ρθει μέρα να στερέψει, και δυστυχώς πηγάδι που ’ν’ ξερό θα μοιάζει: νερό δεν θά ’χει πιά τη γεύση μας ν’ αρδέψει· μες στην κοιλιά του ο αντίλαλός μας θα κοάζει.
Σε ιξούς ερώτων όσοι θα βρεθούν πιασμένοι τη μοίρα του πυρός θα μοιραστούν, τον κόπο: της φλόγας η καταστροφή τούς περιμένει, γιατί η φωτιά αγνοεί πώς καίνε με άλλον τρόπο.