PASCUAL VENEGAS FILARDO
Luz en el Aso Yama
Tiene
la noche un raro color de adolescencia,
un alma transparente de dilatados ecos.
Siento bajo mis pasos el pulso de la tierra
como si estuviésemos más cerca
de ese caudal de fuego
que ruge contenido en misterioso arcano.
Allá distante duerme el volcán con sus luces
apenas traducidas en minimas hogueras
de una voz que se eleva en rosadas volutas.
Kiu Siu de hondos misterios,
en Aso Yama mido el climax de tu vida.
Sus fauces descarnadas me llaman sordamente.
Mido toda la angustia de la muerte en tus fuegos
bajo esta noche tierna, poblada de presagios.
Aquí en estas montañas donde la tierra es joven
cuando el geólogo indaga la historia de sus venas,
donde el mar es un juego de islas y riberas,
se pierden tus pupilas buscando los caminos
de tu olvidada infancia,
oh niña de ojos dulces y de tez como el lirio,
de cabellos que flotan en el aire de mayo.
¿Cuántas veces tejieron tus pies de breve marco
estos senderos rudos de lava y dura roca
donde el arbol se aferra con angustia a la vida?
La fumarola pone una cálida musica
al viento frio que baja rodando por los montes.
Un alma sulfurosa corona los silencios
que apenas quiebra leve tu voz de rio y estrella.
Y mientras en la noche color de adolescencia
el Aso nos vigila con su pupila inmensa,
una luna de estaño se insinua en la penumbra
ceñida de misterios.
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