Παρασκευή, 15 Ιανουαρίου 2016

ΑΛΕΙΧΑΝΔΡΕ!




VICENTE ALEIXANDRE


EL DESNUDO

I

¿Que llevas ahí, en tu gracioso cesto de margaritas
   ligeras?
El poniente sin mancha quiere besarme desde tus mejillas
   inocentes
Un cándido corpiño encierra la gloria dulce de un
   mediodía prisionero,
mientras tu cuello erguido sostiene la crespa concentración
   de la luz,
sobre la que los pájaros virginales se encienden.

Pero suelta, suelta tu gracioso cestillo,
mágica mensajera de los campos;
échate sobre el césped aquí a la orilla del río.
Y déjame que en tu oído yo musite mi sombra,
mi penumbrosa esperanza bajo los álamos plateados.


II

Acerca ahora tus pies desnudos,
húmedos en el agua.
Un hervor de oro, de carmín, de plata rápida,
cruza ligero, confundiendo su instantáneo fulgor
con tu espuma constante, oh rosa.
Déjame ahora beber esa agua pura,
besar acaso ciegamente
unos pétalos frescos, un tallo erguido,
un perfume mojado a primavera,
mientras tu cuerpo hermoso arriba orea
su cabello luciente y tus dos manos ríen
entre su luz, y tu busto palpita.


III

Tu desnudo mojado no teme a la luz.
Todo el verde paisaje se hace mas tierno
en presencia de tu cuerpo extendido.
Sobre tu seno alerta un pájaro rumoroso
viene a posar su canción, y se yergue.
Sobre la trémula cima su garganta extasiada
canta a la luz, y siente dulce tu calor propagándole.
Mira un instante la tibia llanura aún húmeda del rocío
y con su lento pico amoroso bebe.
Bebe la perlada claridad de tu cuerpo,
alzando al cielo su plumada garganta,
ebrio de amor, de luz, de claridad, de música.


IV

Mirar anochecer tu cuerpo desnudo,
goteante todavía el día,
sobre el césped tranquilo, en la mágica atmósfera del
   amor.
Con mi dedo he trazado sobre tu carne
unas tristes palabras de despedida.
Tu seno aterciopelado silencia mi caricia postrera:
ya casi tu corazón se para.
En tu cuello una música se ensordece,
mudo gemido del poniente anhelante,
y si te miro veo la luz, la luz última
sin sangre, extinguirse en un gran grito final contra mis
   ojos, ciega.

Súbitamente me hundo en tu boca
y allí bebo todo el último estertor de la noche.

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