Δευτέρα, 11 Αυγούστου 2014

ΘΕΣΑΡ ΚΑΝΤΟΝΙ!




CÉSAR CANTONI


ELEGÍAS DEL RÍO COLOR DE LEÓN


    Primogénita ilustre del Plata,
    En solar apertura hacia el Este,
    Donde atado a tu cinta celeste
    Va el gran río color de león.
        Leopoldo Lugones, A Buenos Aires


1. Bajo un cielo brillante

Bajo un cielo brillante, se demora el río.
La marea empuja la resaca hasta la orilla,
donde la arena, negra de petróleo,
huele a petróleo y peces muertos.
Es un día de calor, sitiado por las moscas.
Muchachos con el torso tatuado y chicas en bikini
toman baños de sol en islotes mugrientos.


2. Vienen de zonas aledañas

Vienen de zonas aledañas y acampan junto al río.
Traen bolsos con vituallas, una radio, una sombrilla.
Tendidos en la arena, se divierten bromeando,
mientras leen revistas ajadas o juegan a los naipes.
El aire es pesado como de costumbre 
y el agua parece bullir en charcas y arroyuelos.
Cuando el sol de la tarde todavía está alto,
ellas preparan los sandwiches, ellos destapan la cerveza.
Luego comen, beben, se emborrachan.
Uno enciende la radio, pone música;
todos bailan a un tiempo, bañados en sudor.


3. Un perro atraviesa la playa

Atardece. Un perro atraviesa la playa solitaria.
En la orilla, el agua refleja la tristeza de los sauces.
Pescadores que entraron a caballo en el río
vuelven ahora con las redes cargadas: sábalos y dorados.
Desvanecido sobre los techos indigentes,
el sol es un ojo de pez que interroga a Dios. 


4. Apenas la antorcha de la luna

La noche es profunda y oscura río adentro.
Apenas la antorcha de la luna alumbra la corriente.
Extraviada, entre forros usados y detritos,
una canoa golpea contra la escollera.


5. Con indómita furia

Muchas veces, el río es un monstruo temible,
un Leviatán que arrolla y destruye lo que encuentra:
rampas, diques de piedra, muelles enmohecidos...
Con indómita furia, arranca de cuajo postes y carteles,
anega las calles, inunda las casas de los lugareños,
se lleva animales, colchones, zapatillas,
los sueños de todos, la esperanza... 
Finalmente, regresa sin apremio a su cauce,    
convertido en doméstica criatura.
Sólo entonces devuelve a los ahogados.


6. En los días luminosos

Desde aquí, en los días luminosos,
se puede ver Colonia, me decía mi madre.
Algunos cuentan que la vieron. O creen que la vieron,
a fuerza de repetir la misma historia imaginaria.
Colonia: una ciudad al alcance de los sueños
para la gente humilde de esta orilla
que trafica con puertos de ficción.


7. Yo zambullí mi infancia

Yo zambullí mi infancia en este río.
En este río, amé a una mujer más grande que el deseo.
¿Será por eso que mi voz es turbia
como las aguas que ahora conjuran la memoria?


    Playas de Punta Lara, diciembre de 2010


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